Adaptarse, un acto de amor

Tal vez la fuerza para adaptarse a una situación adversa reside en nuestra capacidad de saber amarnos a nosotros mismos y reflejar ese amor a los demás. Este es el testimonio de Maru, quien enfrentó una dura batalla contra el cáncer de mama… y salió adelante con amor.

19 de octubre – Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama

Cada día que despertamos, enfrentamos un reto… algunas veces puede ser mayor, más complicado o dependiente de otros… porque la vida es un constante cambio, un constante renacer.

Adaptarse y aceptar las circunstancias que nos tocan, son dos cualidades que debemos desarrollar; ya que conservar la misma «fotografía de vida» no es posible: viviríamos siempre frustrados y enojados con ella. Hay personas que deciden vivir así y se disculpan afirmando «que la existencia es difícil y no les dan oportunidades»… cuando lo escucho me pregunto: ¿Y quién debe dárselas?

Al querer ajustar la vida a lo que queremos — y por supuesto, comprobar que pocas veces sucede–, nos quejamos amargamente… ¿Por qué derrotarnos, y no tomarlo como una oportunidad de recorrer de manera diferente, tal vez, el  mismo camino?

Miedo… palabra que describe todo lo que no queremos aceptar o reconocer; lo que no entendemos, donde no tenemos esa habilidad desarrollada o, simplemente, no nos atrevemos…

Todo esto nos lleva a estados poco favorables y de desánimo: no nos adaptamos y tomamos el camino más complicado; quejarnos y empecinarnos en afirmar que no podemos

Todo es cuestión de ser resilente, sí, de ser adaptable y enfrentar incluso las situciones límite con valor y fortaleza. Eso no implica que de primer momento no te dé miedo y no sepas qué hacer… hay que reflexionar, pedir ayuda y fortalecer tu fe… nunca quedarse quieto y quejándose.

¿Por qué derrotarnos, y no tomarlo como una oportunidad de recorrer de manera diferente, tal vez, el  mismo camino?

Hoy comparto mi experiencia al saber que había algo que mataba mi cuerpo de adentro hacia fuera, que iba tomando mi vida poco a poco… que no sabía cuál era el camino a recorrer…

Lo que tuve que hacer fue sacar toda mi fuerza interior para confrontar esta situación; y aprender a observar a mi alrededor para identificar quiénes están a mi lado, quiénes me dan la mano, quiénes me apoyan, quiénes están al pendiente, quiénes me acompañan, quiénes me ayudan en todo momento y quiénes están solo un momento y se van… Los que me aman y a los que amo. Todos son importantes porque participan en mi vida, y aunque se fueran siempre estoy acompañada por Dios.

Sólo el Señor es quien conoce mi miedo, mis lágrimas y mis debilidades; yo sé que me ayuda a comprender y me muestra el camino a seguir con entreza y valor.

Así logré entender que hablar de Cáncer no significa muerte… 

Entendí que sólo si me adaptaba a esta nueva circunstancia que vivía y la enfrentaba, podría sentir el amor que siempre debí darme… que lo más importante era que yo estaba bien y tenía el amor por mi misma que me llevaría a salir adelante.

El reto fue jugar más rápido que el Cáncer, no perder tiempo y agradecer cada momento que avanzaba en mi tratamiento y podía estar acompañada…

Entendí que sólo si me adaptaba a esta nueva circunstancia que vivía y la enfrentaba, podría sentir el amor que siempre debí darme… que lo más importante era que yo estaba bien y tenía el amor por mi misma que me llevaría a salir adelante.

Sólo un acto de amor me permitió darle a mi familia la certeza que yo estaba bien y que iba a salir adelante, y con ello lograr su tranquilidad.

No importó lo rudo del tratamiento, ni que me tuvieran que quitar un seno, ni quedarme calva, ni el cansancio y debilidad que afectó a mi cuerpo. Siempre hubo un motor que inyectó energía para seguir adelante… el amor para Dios y para mí, al darme la oportunidad de reconocer lo afortunada que era al ser capaz de escuchar lo que mi cuerpo requería para salir triunfante, identificar qué senda debía recorrer primero y cómo hacerlo. Amor que me permitió gozar la disposición de amigos que siempre me ayudaron y el alivio de ver que mi familia viviera el Cáncer como una enfermedad más.

El Cáncer nunca fue mi vida. Fue una situación que tuve que vivir, pero no era mi vida.

Yo seguí mi vida. El Cáncer nunca fue mi vida. Fue una situación que tuve que vivir, pero no era mi vida: mi vida era la compañía de mis amigos, las cenas y reuniones a que asistí, el trabajar y poder compartir temas diversos; y también la comprensión de mi estado de cansancio, el estudiar un poco más sobre mi situación; el hacer ejercicio, aunque fuera mínimo; el soportar malestares como dolores de cabeza, dolores de venas y dolores en todo el esqueleto por las quimios, el tener la piel quemada por las radioterapias, el verme a diario «mutilada».

No me resistí: me adecué a que todo aquello fluyera. Hoy puedo decirles que aún sigo bajo control médico pero cada vez más fuerte. Me sometí a dos operaciones de reconstrucción y, aunque no soy la misma, me siento mejor. Cada día agradezco el abrir los ojos y levantarme, caminar, ver, escuchar y poder conversar; doy gracias porque mis mascotas me muestran su amor constante y puedo atenderlos y cuidarlos.

Aunque no soy la misma, me siento mejor.

Hoy sigo adelante, siempre con una gran tarea: ayudar a otras que inician este camino tan tenebroso con la confianza que Dios siempre nos escucha y acompaña. Yo las asesoro para que sepan ayudar a su cuerpo y tengan la confianza de que saldrán adelante.

No soy la misma persona; soy diferente pero siempre agradecida y determinada para cumplir las tareas que aún no he realizado, porque por algo sigo aquí… en el mundo.

Vi partir a varios amigos en este difícil tiempo por la misma enfermedad. Yo tengo la oportunidad de seguir. Disfruto cada momento y no me aferro a nada… simplemente tomo la vida como es y me adapto a cada momento, siempre igual y siempre diferente.

Con todo esto que he vivido puedo afirmar que SABER ADAPTARSE ES UN ACTO DE AMOR.

Maru

2 comentarios en “Adaptarse, un acto de amor

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