Hora de saltar

La vida, como un comentario de otra cosa que no alcanzamos, y que está ahí al alcance del salto que no damos.

Julio Cortazar

Cuando era niño le tenía mucho miedo al agua. En el colegio, la clase de natación era un suplicio; no sé si mayor para mí o para mis sufridos maestros de educación física; como el profesor Ariel, quien afirmaba que yo era “su trauma”.

Recuerdo que le tenía especial terror a la parte honda de la piscina. Y sucedió que un día, en una combinación de exasperación y bullying; mis compañeros me arrastraron entre pataleos y me arrojaron a la temida pileta de clavados. Al principio, sentí angustia por estar hundido en el agua y no sentir fondo; pero instintivamente me impulsé y salí a la superficie.

Entonces, todos los amigos que me habían lanzado estallaron en un aplauso. Y ese día desapareció para siempre mi miedo al agua.

De vuelta al presente, cuando llegué a mi casa después del diagnóstico de Parkinson; ocupé toda esa solitaria y silenciosa noche en observar por YouTube videos sobre las personas que enfrentan a la enfermedad valerosamente día con día, y constatar el deterioro al que se podría llegar. Eso era lo que me esperaba, inexorablemente. Y sentí miedo, mucho miedo.

Mi mundo, mi rutina, mis expectativas, todo; se había desmoronado. Y entonces recordé aquel salto en la alberca tantos años atrás.

Había que concebir al Parkinson y sus consecuencias como algo a lo que no tendría más remedio que saltar, pero de lo que también podría emerger.

Entonces, examiné la vida que había llevado hasta ese momento. En realidad, me había atrevido a muy pocas cosas: simplemente me había dejado llevar siempre por las circunstancias.

El Parkinson significaba un cambio radical en mi vida, y quizá paradójicamente la oportunidad de poder darle el sentido que no había tenido.

Reflexiono en cuántas veces la vida nos coloca estas disyuntivas, en que de nosotros depende quedar atrapados en una situación que se estrecha cada vez más, o saltar a lo desconocido.

Estoy consciente de que la siguiente etapa del viaje no será fácil, pero puedo intentar que sea valiosa.

Así que cierro los ojos, tomo impulso y con fe; doy el salto a la vida que está del otro lado.

¿Sabemos?

¿Qué es lo más fuerte a lo que te has atrevido? ¿Qué te decidió? ¿Hay algo a lo que aún no te has atrevido? ¿Por qué? ¿Tienes guardado un sueño sin realizar? No importa lo irrazonable que parezca. ¿Qué podrías ir haciendo para lograr ese sueño? Haz una lista de acciones posibles. Busca que sean cosas sencillas que puedas hacer. Así, paso a paso, tal vez encuentres de pronto que ya vas en camino a tu sueño.

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